La bandera de España: un chaleco reflectante atado a un mástil


La bandera de España: un chaleco reflectante atado a un mástil

12OCT 2017

Ad Absurdum

Hay quien piensa que la actual bandera de España la bajó del cielo Moisés junto a las Tablas de Ley y la Constitución de 1978, o que ya estaba aquí desde tiempos antediluvianos, pero la realidad es que no hay que remontarse hasta acontecimientos bíblicos, sino hasta el siglo XVIII, para conocer el origen de «la Rojigualda».

Cuelga tu bandera donde quieras pero, por favor… PLÁNCHALA.

Hay gente a la que le gusta retrotraerse a tiempos de los visigodos, de los romanos e incluso de íberos, celtas y celtíberos para hablar del glorioso nacimiento de la nación española (ya puesto, ¿por qué no hasta el Paleolítico? Algunas de las más célebres obras de arte de nuestro gran país son de esa época, así que ¿por qué, no?). El caso es que también hay quien gusta de pensar que los símbolos del Estado para unos, de la Nación para otros, y de una Nación de Naciones para Pedro Sánchez, también tienen esa antigüedad. Pero obviamente no es así.

Imagen de la gualda, planta de donde viene lo del color “gualda” como sinónimo de amarillo.

En efecto la nación viene antes que sus símbolos, pero también es cierto que es muy difícil determinar el nacimiento justo de una nación y menos una tan plural y casa-de-putas (históricamente hablando) como España. Pero venga, de acuerdo, pongamos un punto de inicio para repasar la historia del nacimiento de su principal logo corporativo. Seamos un poco conservadores y digamos que ok, que con los Reyes Catolicos “empieza” esto que llamamos “España” (esto no nos lo creemos ni nosotros, pero bueno).

Dejémoslo en que más que nacer se pone la semillita de España, la primera piedra de un gran Metropolitano nacional. Pero… ¿“teníamos” ahí la bandera rojigualda? Sorpresa: NO. Tenían sus estandartes con los símbolos y escudos de sus reinos, ya “unidos”, todos juntitos, pero eso aún no era una bandera al uso como la entendemos y ni mucho menos algo relacionado con la actual. Así que… NEXT.

¿Quizá con la Monarquía Hispánica de los Austrias? Pues oye, aquí se empieza a generalizar como enseña imperial la Cruz de Borgoña, una cruz de San Andrés (en forma de aspa) roja sobre fondo blanco (o con fondo amarillo con Felipe II, que aparte de caprichoso parecía ser un poco hortera). Pero esto, salvando la coincidencia de colores de la época de Felipe palo-palo, tampoco es la rojigualda actual y también seguía sin tener una identificación como símbolo del Estado más allá del uso militar y naval, sino que seguía siendo un símbolo de la dinastía reinante.

Tenemos que llegar hasta el luminoso siglo XVIII para que el ya Borbón Carlos III decidiese hacer unos cambios. La Cruz de Borgoña no le salía de los huevos utilizarla, pues la desterró su papá Felipe V al ganar la Guerra de Sucesión a los Austrias, de los cuales era su símbolo familiar, así que ni locos iban a enarbolar el trapo de sus enemigos. Así que decidieron utilizar un puñetero paño blanco, color de los Borbones, más soso que un huevo sin sal.

Austrias, Borbones, todos quieren ser los campeones.
“Batalla de Almansa”, pintura de Ricardo Balaca

Pero ¿por qué no se quedó España con esa “bandera”? Básicamente porque en esta época los Borbones reinaban en media Europa y todos habían realizado el mismo derroche de originalidad e iban precisamente de blanco. Justo por esta similitud con la del resto de Estados merengues de Europa, así como con otras de otros países, Carlos III decretó en 1785 la realización de (ojo al solemne nacimiento de la bandera) un concurso para adoptar un nuevo pabellón de la Marina. Pero lo mejor de todo es la premisa principal a tener en cuenta para realizar los diseños:la bandera debía ser de colores y formas fácilmente distinguibles por los barcos a bastante distancia. Lógico por un lado, pero muy poco romántico por otro.

Imagen de las 12 propuestas para el concurso

Finalmente, de entre las doce propuestas finalistas, se decantó por un diseño lo más parecido a un chaleco reflectante tanto por su funcionalidad como por la distribución de sus franjas. En la ordenanza que se promulgó para dar a conocer la bandera elegida se disponía:

«Para evitar los inconvenientes y perjuicios que ha hecho ver la experiencia puede ocasionar la Bandera Nacional de que usa Mi Armada Naval y demás Embarcaciones Españolas, equivocándose a largas distancias ó con vientos calmosos con la de otras Naciones, he resuelto que en adelante usen mis Buques de guerra de Bandera dividida a lo largo en tres listas, de las cuales la alta y la baja sean encarnadas y del ancho cada una de la cuarta parte del total, y la de enmedio, amarilla».

Imagen de la elección final de banderas (nótese que al principio [¡y hasta 1927!] la utilizada en embarcaciones civiles es la extraña de la derecha)

Los colores rojo y amarillo cierto es que son tradicionales y denominador común en las armas de Castilla, Aragón y Navarra, pero aún así, se la sacaron de la manga de una forma descarada rompiéndole toda la magia a los antiguos símbolos utilizados. Aún así, hubo que esperar hasta el siglo siguiente, hasta 1843 y el Real Decreto de 13 de octubre de la Reina Isabel II, para que esa fosforita bandera de guerra se estableciera como bandera oficial de España o más bien de las unidades militares españolas.

A ese barco le falta por ley una bandera.

Y hubo que esperar hasta nada más y nada menos que hasta 1908 para que fuese obligatorio que ondeara la bandera en todos los edificios públicos. Para esa época conforme pusieron la bandera seguro que ya había alguno dispuesto a arrancarla, pero bueno, es una tradición que hay que mantener para que la bandera no se extinga.

Bibliografía:

AD ABSURDUM (2017): Historia absurda de España, ed. La Esfera de los Libros.

Ad Absurdum ha escrito Historia absurda de España y a veces plancha banderas para que queden más bonitas.

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