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Opinión de Carlos Taibo que suscribo completamente

Opinión de Carlos Taibo que suscribo completamente.

Carlos Taibo

También yo ato mis cabos. Lo hago así. Un sinvergüenza patológico, de nombre Iñaki Urdangarín, se supone -nadie lo ha podido comprobar- que está en una cárcel de lujo reservada para él solito. Su lugar lo debería ocupar su egregia esposa, que sigue viviendo, del erario público, en Suiza. O el padre de la susodicha, cuyos chanchullos saldrán a la luz allá por 2080.

Mientras, una decena de políticos catalanes, que por lo que veo no han podido elegir prisión, penan entre rejas por haber colocado urnas -grave pecado éste- en las calles. Lo hacen, por cierto, muy lejos de sus hogares, como tantos militantes de ETA que han podido palpar la generosidad sin límites de los delincuentes que nos gobiernan.

Para que nada falte, cinco salvajes que protagonizaron una violación múltiple, y algunos pecadillos más, campan desde hoy, en la calle, por sus respetos. No han tenido tanta suerte unos jóvenes de Altsasu que, por lo que cuentan, participaron en una pelea tumultuaria que nadie sabe quién empezó. Varios de ellos llevan 600 días en la cárcel, y a otros les esperan muchos años de prisión. Es el destino que bien podría aguardar, también, a seis chavales que han tenido el mal gusto de recuperar un pueblo, Fraguas, en la Laponia española.

Entre tanto, y en fin, otro genuino sinvergüenza llamado Rodrigo Rato sigue en libertad. Como sucede con Urdangarín, nadie espera que devuelva el dinero que robó. Y Jordi Pujol -qué no sabrá este pájaro- guarda silencio a cambio de impunidad, una impunidad que las altas autoridades del Estado, por lo que se ve, y en un país en el que la Justicia es independiente, le conceden.

Por mucho que busco y rebusco, la conclusión es firme: pierden, en todos los casos, los débiles, y ganan los poderosos. Les ruego que disculpen el tono desabrido, pero quienes a estas alturas sigan creyendo en el Estado y en su justicia tienen algún problema grave consigo mismos y con sus prójimos. Que viva la anarquía. Qué si no.

¡Salud, cultura, anarquía y librepensamiento tengamos siempre!

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