La codicia de los codiciosos


Conocer la Historia sirve para no repetirla, pero padecemos de un ataque permanente de ignorancia. Seguirá la condición humana cometiendo los mismos errores: permitiendo robar a la gente codiciosa y mirando para otro lado cuando alguien lo protesta, lo denuncia o trata de impedirlo. Deberíamos vivir en un estado de alerta constante sobre lo que sí y lo que no es legítimo. Empezando por pellizcar nuestra propia conciencia en los pequeños actos cotidianos, cada vez que vemos el mínimo atisbo de avaricia. Hablo de la avaricia de «mangar» cosas de la oficina; de la avaricia de dilapidar recursos del planeta como el agua y el combustible; de la avaricia de arrasar bosques, playas, montes, océanos con nuestra mierda… Disponemos de todo esto como si fuera de nuestra propiedad, como si nos perteneciera y pudiéramos disponer de ello sin conciencia. No es muy distinto de lo que hacen estas gentes a gran escala.
Nos hace falta despertar la conciencia en cada acto de nuestra vida y eso nos legitimizará para echarnos a la calle y protestar, denunciar y perseguir la codicia de esta gentuza que lava sus conciencias «soltando» perlas de limosnas, que nos pertenecen.

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